lunes, 20 de julio de 2020

Muere Don José

Un día como ayer, muere en mi pueblo mi querido Don José Aragón.
Mi pueblo es ese lugar en donde sucede lo que yo imagino, y a veces escribo; que no sé si es resultado de lo que sueño, leo, escuché en alguna conversación o me lo dijo mi abuela. Pero mi pueblo es real, y no está lejos.

En fin, que un día como ayer muere en mi pueblo el querido Don José pero ayer llovía tan fuerte que no pude recordarlo. Y así sucedió esos días; eran tan fuertes las lluvias, tantos males, tantos eventos, que no hubo homenaje que pudieran ofrecerle. La comunicación y las redes, con tanta noticia y tanta agua, saturadas por completo que ni plañideras ni troles pudieron homenajearlo; así que ni llanto ni troleada.
Sus seguidores en Twitter ni siquiera se enteraron, y entre aves y cetáceos quedo la efímera nota.

Pero un día como ayer muere en mi pueblo mi querido Don José. Caballero incansable era Don José; pero no como los de antes, de armas y escudo; caballero de ahora, twittero incansable, soñador y caminante responsable. Caminante, casi viajero frecuente. De adorable figura y paso firme, aunque no siempre directo, hacia sus sueños.

En fin que la cosa es que un día como ayer muere en mi pueblo mi querido Don José. Le sobrevive su amada, quien a partir de ese momento, ni suya, ni amada, pero sí le sobrevive.

sábado, 23 de octubre de 2010

A mi médico de cabecera... y piecera.


Mi papá era médico, un hombre recto y completo.
Nunca había escrito sobre él; mi negación de su partida me permite llorarlo poco y hasta ahora me permite escribir algunas letras.

Adorable, bueno, poeta, pintor, mejor esposo y excelente padre. Impecable y ordenado. Objetivo, analítico y práctico.

Tan práctico que sus restos no tienen una placa con su nombre y epitafio; sus restos no ocupan un espacio,nadie sabe en dónde están; su recuerdo sí.

Tan disciplinado que para todo tenía un momento: un momento para pintar, y pintaba puentes y gaviotas con tinta china.
Había un tiempo para cantar, y tocaba la guitarra y cantaba con la voz del corazón.
Había tiempo para leer, y los aztecas, los pintores y museos tenían un lugar importante en sus lecturas.
Había tiempo para escribir, y escribía cuentos con finales inesperados, cuentos de arte y relatos sobre los que encontraba en su camino. Creativo, ¡vaya!

Sabía de todo, ¿cómo le hacía? ...del país, de política, de historia, de arte béisbol y futbol; de medicina, origami, de Cortés y de Paris.

De gran corazón pero imperturbable, entre él y yo bromeábamos diciendo que no podíamos llorar ni sudar en público.

Me hubiera gustado heredar más cosas de él pero creo que, entre otras, me quedé su nariz, la intención de escribir, las ganas de pintar, y un poco de su objetividad.

Dicen que la diferencia entre la nostalgia y el recuerdo, es el la satisfacción con la que vivimos el momento de evocar.
Hoy te recuerdo con todo mi corazón, Dr. Goya.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Actividad para el inicio del otoño


Inicia el otoño e inevitablemente vuelvo a la duda sobre la fuente en dónde algún día leí que el día del equinoccio de otoño es posible parar un huevo sobre una de sus puntas. Les aseguro, como todos los años, que yo lo leí en algún lado, que no lo inventé ni lo soñé, pero nunca he sido muy convincente. Sin embargo cada año, en casa, logro que más de uno me acompañe a realizar el rito de hacer que un huevo se mantenga parado sobre uno de sus extremos.
Vale la pena intentarlo y es una excelente actividad de esas que, sólo requieren paciencia, y… algunos huevos.

No tiene truco. Hay que intentarlo una y otra vez, sobre una superficie perfectamente lisa; nada de granos de sal; ningún ingrediente adicional.
La instrucción es probar con uno de los extremos y con el otro, hasta que al soltarlo queda perfectamente parado.

La explicación que recuerdo tiene que ver con la fuerza de atracción de la tierra en esta época precisa; y me da pena comentarlo porque obviamente no tengo pruebas y científicamente debe ser una aberración. Pero este blog no es científico y como dicen en mi pueblo, ‘aquí todo se vale’. Así cada año, también surge la duda de si esta teoría es cierta, y la intensión de realizar el mismo experimento en otra época del año, para por lo menos, descartar que el evento sea posible cualquier día.

Pero al igual que la duda, la intensión de comprobarlo queda allí, ya sea porque a nadie se le vuelve a ocurrir esta actividad en otra fecha o porque (ahora lo pienso) nadie ha querido quitarle ‘el encanto’.

Este año por fin encontré un sitio que refiere tan curiosa actividad:
http://www.rmindependent.com/2009/09/fun-facts-about-the-autumnal-equinox/

Así que puedo decir que no lo inventé, que ‘así dicen en mi pueblo’.

domingo, 22 de agosto de 2010

Comunicación 10.0, con todos los sentidos.


Hace muchos años recuerdo haber visto, en mi pueblo, aquellos teléfonos con manivela, en donde al girarla contestaba la operadora; el teléfono del abuelo era el número 2 (complicado ¿eh?), porque el del Presidente Municipal era el número 1.

Es asombrosa la forma y la disponibilidad que tenemos ahora para comunicarnos, en cualquier momento y desde cualquier lugar, todos nosotros tenemos a la mano más de un dispositivo para abrir, y conectarnos con el mundo entero en un instante. La actualidad favorece la comunicación, entre grupos, entre comunidades, entre redes, entre ciudades, entre gobiernos.
Ya no hay fronteras ni distancias para comunicarnos. En lo personal me dedico a comunicar a un gobierno con los ciudadanos en el estado, y buscamos superar todas las fronteras para evolucionar de una comunicación de una sola vía a la comunicación 2.0.
Pero me preocupa la otra comunicación, la que se da con los más cercanos y ahora parece más difícil. La de sobremesa, la del café, la de antes de ‘las buenas noches’; ésa que ahora se ve interrumpida por el timbre de celulares y radios; la sobremesa que se ve invadida por i-pads, laptops y blackberries evitando el contacto con nuestros más cercanos, e interrumpiendo el momento de la pregunta más importante de los hijos antes de ir a dormir. Esa comunicación que yo llamo comunicación 10.0 y que sólo requiere de escuchar y responder, de atender y sonreír, sin otro dispositivo ni otra conexión que la de nuestro ser consciente y dedicado.
Hoy me ocupa esa comunicación 10.0 en la que sólo necesitamos cerrar los demás dispositivos y abrir todos los sentidos para lo que antes era lo más sencillo: vernos a los ojos y platicar.

sábado, 14 de agosto de 2010

Lo que provoca una taza de café.


Una de las cosas que más disfruto es una buena taza de café.
El solo aroma del café me provoca una sonrisa, cambia el gesto de mi cara, me hace cerrar los ojos, abre mi mente, y me llena de emoción.
Es todo un goce tomarlo, y es un rito prepararlo.
Mi favorito: el de prensa francesa.

Hervir el agua, dejar enfriar un par de minutos y verterla sobre el mágico polvo.
Dejar reposar 4 minutos mientras el mundo se prepara.
Presionar y ¡listo! El polvo quedará en el fondo dejando sólo la infusión con finos restos del grano y una delicada espuma.

De alguna forma comienzan: a girar nuestro planeta, y a escucharse las noticias.
Me gusta servirlo entonces, en una taza que tenga el interior color blanco, y sólo servir la mitad.
¿Por qué sólo la mitad?
Me parece que una taza de café representa tantas cosas, que ha de ser por eso que nunca quiero llenarla. Imagino que todo lo que contiene de repente se alborote y comiencen a salir, desbordando por la orilla, los recuerdos que provoca, las escenas que refresca, y las frases importantes, que se guardan para cuando los sentidos las ocupan. ¡Y todo a partir de ese delicioso aroma!
No. En la taza debe quedar un espacio; el espacio que llenarán, una vez que esté servido, el aroma del café, y todos los sentimientos que en el corazón provoca.
Si no, ¿para qué tomarlo?

domingo, 1 de agosto de 2010

Aquí viviremos 110 años

-¿Cuántos años piensan vivir? -preguntó mi querida Dra. Elisa en aquel curso.

Allí estábamos varios, cuando en mi pueblo todavía había tiempo de asistir a estos eventos, en los que nos escapábamos de la rutina para conocer un poco más sobre cómo vivir mejor.

Las respuestas de algunos asistentes fueron inmediatas:
-Ochenta años, -dijo alguno- y me parecen muchos.
-Yo como setenta, -dijo otra.
-¡Ochenta y cinco!
-Noventa.
-¿Quéeee? Eso es demasiado, -advirtieron varios.
-Pues les tengo una noticia, -continuó la ponente- ustedes son parte de la primera generación que vivirá 110 años, y el problema es que no están preparados.

Así es. La ciencia ha logrado grandes avances para prolongar la vida del ser humano y ha llegado el momento: es nuestra vida la que se verá afectada.
Debemos estar conscientes de que el promedio de vida se ha incrementado y tenemos que trabajar en ello pensando en nuestra propia vida.
¿Cómo? Bueno, lo primero es saberlo; y a partir de entonces, tendremos que pensar en la forma de llevar una mejor vida durante el tiempo que nos habíamos planteado, más ‘esos años’ que la ciencia estará por regalarnos.
La idea es vivir bien y estar conscientes de que ésto no se acaba a los 70.

Finalmente les diré que yo, decidí entonces vivir sólo 115 años.
¿Que cómo voy a lograrlo? Bueno, lo primero es desearlo, y yo puedo asegurarles que lo deseo intensamente; lo demás, tomará tiempo.

De aquí a entonces, compartamos nuestro 'time line'.

Archivo del blog