
Mi papá era médico, un hombre recto y completo.
Nunca había escrito sobre él; mi negación de su partida me permite llorarlo poco y hasta ahora me permite escribir algunas letras.
Adorable, bueno, poeta, pintor, mejor esposo y excelente padre. Impecable y ordenado. Objetivo, analítico y práctico.
Tan práctico que sus restos no tienen una placa con su nombre y epitafio; sus restos no ocupan un espacio,nadie sabe en dónde están; su recuerdo sí.
Tan disciplinado que para todo tenía un momento: un momento para pintar, y pintaba puentes y gaviotas con tinta china.
Había un tiempo para cantar, y tocaba la guitarra y cantaba con la voz del corazón.
Había tiempo para leer, y los aztecas, los pintores y museos tenían un lugar importante en sus lecturas.
Había tiempo para escribir, y escribía cuentos con finales inesperados, cuentos de arte y relatos sobre los que encontraba en su camino. Creativo, ¡vaya!
Sabía de todo, ¿cómo le hacía? ...del país, de política, de historia, de arte béisbol y futbol; de medicina, origami, de Cortés y de Paris.
De gran corazón pero imperturbable, entre él y yo bromeábamos diciendo que no podíamos llorar ni sudar en público.
Me hubiera gustado heredar más cosas de él pero creo que, entre otras, me quedé su nariz, la intención de escribir, las ganas de pintar, y un poco de su objetividad.
Dicen que la diferencia entre la nostalgia y el recuerdo, es el la satisfacción con la que vivimos el momento de evocar.
Hoy te recuerdo con todo mi corazón, Dr. Goya.
Hermoso!! Un texto para atesorar, gracias!!
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